LA VIDA ES UN EDIFICIO, SIN ESCALAS Y ASCENSORES
La vida es un edificio, sin escalas y ascensores, sólo está compuesto por pisos desde el número 1, sin poder definirse hasta qué número puede llegar. Cada uno es el arquitecto, él mismo que decide hasta qué nivel construye, todo depende de su entrega y amor por la obra puesta a su disposición.
Esta construcción no tiene escalas porque en la medida que se pone un ladrillo, en esa medida se va subiendo, cada uno es libre donde construye una plancha o placa para establecer allí un nivel en el que puede organizar una zona de confort y quedarse ahí por el tiempo que desee, o simplemente para descansar y disfrutar de lo que se ha podido subir, pero preparándose al mismo tiempo para seguir el ascenso. Esta dinámica continúa hasta el día, en que el arquitecto no puede construir más porque se le ha acabado el tiempo, o porque ha querido estacionarse definitivamente en un determinado nivel.
Todos los edificios son distintos, unos grandes, otros pequeños, unos anchos, otros estrechos, unos más atractivos que otros, todo depende del arquitecto o del ingeniero constructor.
Este edificio no tiene ascensor, porque su habitante ya no tiene necesidad de volver a bajar, el sólo puede seguir subiendo, si llegara a bajar le tocaría volver a empezar su construcción.
No hay medida entre un piso y otro, todo está a la libre decisión del constructor; por eso es un edificio extraño, es un edificio deforme, porque no se acomoda a una norma general de construcción, ni a las leyes que rigen, a quienes se dedican a esta labor.
Todos son de distintos colores, con diversos diseños, construidos en distintos lugares, no hay uniformidad, pero todos construidos con el mismo material y en las mismas condiciones.
Esta analogía, profunda, significativa, nos muestra la vida del ser humano y su capacidad de ascenso, de todo lo que puede volar, aunque no le hayan dado alas, de la satisfacción o insatisfacción por lo que pudo construir, o de su premio bueno, regular o malo, de acuerdo con la labor cumplida.
Muchos empiezan la construcción y al poco tiempo la interrumpen , se bajan de allí y empiezan una nueva y así consecutivamente en su vida, otros construyen hasta determinado nivel y allí se acomodan y no deciden subir más, otros continuamente se están preparando, trabajan y nunca paran de subir. Esto explica por qué realmente unos tienen éxito y otros no, por qué unos son felices y otros no, por qué muchos volaron más allá de lo que podían llegar.
Hubo a quienes se les acercaron por el edificio del frente y les dijeron que era imposible seguir construyendo y ahí se quedaron; otros por el contrario, no hicieron caso y continuaron su labor hasta el final.
Aunque nos digan que no somos realistas, que vivimos de tejas para arriba, no desistamos en los proyectos que nos mueven; es mejor sentirse satisfecho por haber realizado algo en la vida, así haya sido poco, que insatisfecho, triste y fracasado por no haber empezado nada.

Juan Camilo Osorio dijo
CUando uno tiene claridad en lo que hace el ascenso es un hecho. Me pareció genial esta comparación. muchas gracias
19 Diciembre 2006 | 11:38 PM